Rocío — Comprender mis emociones me permitió sanar, conectar y acompañar mejor
“Aprendí a reconocer mis ritmos, mis emociones y mis heridas… y desde ahí, acompañar con más amor a mi hija y a mí misma.”
“Quiero contar un poco mi experiencia. Fue un proceso súper enriquecedor que me permitió conocer mi patrón reactivo y empezar a verlo tanto con mi hija como en muchos otros aspectos de mi vida.
Lo más profundo fue descubrir mis ‘vasijas’: cuáles estaban dañadas y cómo podía empezar a verlas y llenarlas de manera amable. Aprendí a reconocer cuándo alguien tocaba mi vasija —en mi caso, la de la valía— y frenar antes de reaccionar, entendiendo que el otro no lo hace a propósito. Esa conciencia me ayudó a dejar de ser tan crítica y a conectar desde otro lugar.
También empecé a notar cuándo yo tocaba la vasija de otro —mi pareja, mi hermana— y pude compartirlo. Fue un despertar muy grande.
Además, aprendí a respetar mis ritmos: darme tiempos de conexión conmigo misma, aunque sean cinco minutos, para luego poder conectar de verdad con mi hija. Descubrí que muchas veces los comportamientos que veía en ella venían de la falta de conexión y no de otra cosa.
Y, sobre todo, aprendí a aceptar mi historia, mi infancia, y la manera en que fui criada. Este proceso me ayudó a mirar mi vida con amor y a sanar desde la comprensión.
Es un trabajo profundo, pero estoy extremadamente agradecida de haberlo iniciado, porque sé que es un comienzo para seguir creciendo.”
Rocío, ingeniera química, profesora y mamá de Valentina de 5 años (Argentina)